5. Tradición y vanguardia en la poesía de Miguel
Hernández
Los
inicios del poeta como escritor se corresponden con los de un aprendiz de poeta
que, como lo calificó Dámaso Alonso, se convirtió en un “genial epígono”de los
grandes autores clásicos, hasta que llegó a descubrir su propia voz poética.
En su
camino como poeta podemos distinguir las siguientes etapas:
5.1. El
aprendiz de poeta (1910-1931)
Miguel
Hernández nace el 30 de octubre de 1910 en la localidad alicantina de Orihuela.
Su padre, hombre duro y poco comprensivo, sólo le permitió asistir a la escuela
hasta 1924. En marzo de ese año lo coloca como dependiente de una tienda de
tejidos y, al quemarse el establecimiento, lo dedica a cuidar el rebaño
familiar. Era éste el oficio más bajo que cabía desempeñar y para Miguel tuvo
que ser humillante pasar todos los días arreando cabras por delante de sus
compañeros de pupitre.
Es muy
probable que sus primeros versos surjan de ese trance: por un lado porqueel
cuidado del ganado le dejaba muchas horas para cavilar y por otro para
compensar la dura realidad cotidiana. Por eso no debe extrañar que sus primeros
versos oscilen entre el apunte local y costumbrista y la estilización e
idealización desaforada. Y así hay retratos literarios de sus quehaceres de
pastor junto a alusiones de tema mitológico como en “Pastoril” o alterna el
panocho “En mi barraquica” , “Al verla muerta” con refinamientos de raigambre
modernista a la zaga de Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez o del Romanticismo más
intimista de Bécquer. Provisto de un diccionario de mitología, otro de rima y
de Lengua, este trabajo vino a ser sustituto de la escuela que le faltó.
De ese
tiempo y de las lecturas de las que se fue nutriendo en esos años deformación
se advierte ya el primer Miguel, un muchacho de acento pastoril que educa su
oído en el octosílabo romanceado, en Virgilio, en Góngora, Garcilaso, Lope de
Vega, San Juan de la Cruz, Antonio Machado, en un Modernismo caduco
representado entonces por Gabriel y Galán, en una amalgama de voces entre las
que resuenan poemas y textos de Bécquer, Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez, sin
perder de vista a los locales como Vicente Medina, el regionalismo fonético y
la propia experiencia vital como pastor de cabras.
La
amistad con Ramón Sijé (anagrama de José Marín) marcará su crecimiento como
poeta, al convertirse en una especie de mentor y orientador de sus lecturas.
Sijé era un caso aparte dentro de la intelectualidad provinciana. Fue asimismo
un gran orientador para el amigo poeta hasta el punto de ejercer sobre él una
influencia decisiva en su primera etapa, en el amor por los clásicos y en su
militancia católica.
En sus
primeras creaciones, elaboradas en torno a los dieciséis años, son frecuentes
las escenas mitológicas y los ambientes orientales, todo ello como resultado de
su gusto por el Romanticismo y por el Modernismo. Una muestra de esta primera
poesía hernandiana muy apegada a la tradición literaria clásica la hallamos
bajo el epígrafe Poemas sueltos I de la antología. En este apartado se
observa la amplia variedad métrica, destacando el uso del octosílabo, el
endecasílabo, el dodecasílabo, el hexadecasílabo, y, también, el verso libre.
5.2. Por el camino de la modernidad y la vanguardia
(1932)
El 30 de
noviembre de 1931, Miguel Hernández emprende su primer viaje a Madrid, con la
ilusión y la esperanza de ver reconocida la creación de ese “pastor un
poquito poeta” como él mismo se define en una carta enviada a Juan Ramón
Jiménez pidiéndole que lo reciba en su casa y lea los poemas que lleva escritos.
Tras su
primera estancia en Madrid, las penurias económicas lo hacen regresar a su
pueblo. Sin embargo a MH le sirve para renovar completamente las ideas
literarias. Decide acercarse a los movimientos vanguardistas y renovar su
lenguaje, técnica y estilo, especialmente utilizando la metáfora. Para dicho
acercamiento a la poesía vanguardista, hay un acontecimiento que resulta de
capital importancia: la conmemoración del tricentenario de la muerte de
Góngora, en 1927. Será a partir de entonces cuando entre en contacto con la
poesía de Alberti, Gerardo Diego o Jorge Guillén, el cual será el de mayor
influjo con su concepto de la poesía pura (de la que también había hablado Juan
Ramón Jiménez). Tanto Guillén como Paul Valery le sirven de modelo como lo demostraría
el hecho de que el primer poema del libro aparezca encabezado por una cita del
poeta francés o que el titulado “Sexo en instante, 1” esté dedicado a Guillén.
Se embarca entonces en una nueva producción llena de hallazgos y se aventura en
una poesía hermética, de sintaxis compleja, con un acento culterano heredero de
Góngora y el cultivo de octavas reales, las décimas y el gusto por la metáfora
elaborada en su obra Perito en lunas. De hecho, el mismo título del
libro se encuentra cargado de sugerencias. Por un lado perito nos hace
pensar en un oficio en el que el poeta se muestra como entendido o experto. Por
otro, su experiencia parece radicar en aquello que resulta misterioso, como son
esas lunas, en plural. Aunque también perito puede significar “pastor”,
pues en una de las octavas del libro llama luna a la oveja y, en más de una
ocasión, él se autodenominó “lunicultor”. Es más, en la octava “Horno y luna”,
aparecen los versos que dan título al libro, al referirse a sí mismo en estos
términos: “Oh tú, perito en lunas; que yo sepa/ qué luna es de mejor sabor y
cepa”. Es decir, si es mejor “la luna de la era”, que es una
metáfora sobre la hogaza de pan hecha en el horno, o la otra luna, imposible,
de oro, que es el astro celeste. También pudo recibir de García Lorca la
influencia del motivo de la luna a partir de la obra Romancero gitano.
Perito
en lunas, inicialmente titulado Poliedros, quizá por el ultraísmo y
cubismo, se vio reducido a 42 octavas con las que está configurado. Aparecen el
neogongorismo, la sensualidad, los “acertijos poéticos” o metáforas-
adivinanzas próximas a las greguerías de Gómez de la Serna,(metáfora más humor)
aunque desprovistas del humor de su creador. Aparecen objetos y escenas de la
vida real: el gallo, el toro, los cohetes, la sandía, la oveja, las cabras, la
serpiente, el pozo, la noria o la palmera. Y a todos ellos les aplica una
particular iconografía lunar que recuerda a García Lorca y a Góngora. A la luz
de la metáfora, a la que se unen el hipérbaton, la anáfora y la elipsis, los
objetos más comunes adquieren rango artístico. Es la hora de esconder su mundo
interior para contemplar el universo circundante. Para ello elabora un código
metafórico que no resulta fácil de descifrar.
Además de la luna,
redondas son también otras imágenes del libro, como la gota de agua, la forma
de los cuernos del toro, que semejan un cuarto de luna, la noria o la hogaza de
pan.
5.3. El descubrimiento del amor (1934-1936)
Con la
publicación de El rayo que no cesa, aparece como un poeta que ha
asimilado plenamente la influencia de Quevedo y del dolorido sentir
garcilasiano, así como la forma estrófica del soneto. Lo anterior le sirve para
expresar su pasión de enamorado después de haber iniciado una relación con la
que llegaría a ser su esposa, Josefina Manresa. Su amor será fuente de poesía,
un “desgarrón afectivo”, con un estallido de pasión cegadora y fulminante como
la del rayo que da título al libro. Y junto a este Neorromanticismo,
encontramos la presencia de determinados símbolos, como el cuchillo, el rayo,
la espada, el fuego, el naufragio o el toro.
Por otra
parte también se puede observar la influencia de Pablo Neruda y de Vicente
Aleixandre. Fue el primero quien fijó los presupuestos estéticos de la llamada
“poesía impura”. En esta línea, a partir de ahora, a Miguel le preocupa el
problema de la existencia humana y de su propia vida llena de amor y dolor, de
ansiedad y de deseo. Aparecen las tres constantes que constituyen la clave de
su obra: las famosas tres heridas de la vida, el amor y la muerte. A Neruda y
Aleixandre debe MH la adopción de las técnicas de la segunda vanguardia, en
especial del Surrealismo y de las posiciones de vanguardia que podrían
resumirse en la fórmula de la “poesía impura” como en “Me llamo barro”, “Un carnívoro
cuchillo”…o los homenajes como las “Odas a Neruda o Aleixandre” o la “Égloga” a
Garcilaso y “El ahogado del Tajo” a Bécquer. Se observa la transición desde la
pena de enamorado a la solidaridad con los amigos y la comunicación con los
poetas.
El amor
es ese rayo que habita en el poeta y que llena su corazón de “exasperadas
fieras y de fraguas coléricas”. Es un rayo que se vuelve contra sí mismo con
“sus lluviosos rayos destructores”. El amor se alimenta del fuego que emana de
la amada. Una amada casta y sencilla a la que hay que robarle un beso en la
mejilla. En él se acrecienta el deseo, esa querencia que tiene por su acento,
esa apetencia por su compañía, de modo que, cuando sus besos le faltan, se
siente morir. Entonces el poeta se sume en un naufragio del que sólo podrá
salvarse gracias a su amor, “la tabla que procuro”, o, al menos, de su
voz, “el norte que pretendo”.
El
amante es como el toro que, habiendo percibido el olor de la amada, experimenta
en su cuerpo el poder irrefrenable del celo, y brama, mientras se siente morir
por no tenerla cerca. Y, como el toro, tiene el cuerpo acostumbrado al
sufrimiento y la pena. Como el toro, se crece en el castigo, la sigue y la
persigue a pesar de ser rechazado por ella.
Así
pues, la pena es otro de los temas centrales. Ésta se convierte en un
“huracán de lava”, un ”avispero”, o un “carnívoro
cuchillo”. Y todo ello porque la redacción final del libro se fragua
durante un período de ruptura en su relación con Josefina Manresa. Pero la pena
no procede exclusivamente de su distanciamiento amoroso con Josefina. En alguna
ocasión, la inspiradora de la misma es otra mujer, María Cegarra , el amor
idílico, tal como se refleja en “Yo sé que ver y oír a un triste enfada”. En
dicho soneto el tema de la pena constante con tintes de resignación,
sufrimiento y agonía está presente. Consciente de su impotencia para conseguir
el amor de la amada, le promete apartarse de ella, a pesar de lo mucho que le
cuesta y le duele. Y, en este triste lamentar, que tanto nos recuerda a
Garcilaso y Quevedo, le promete amarla hasta la muerte: “me voy me voy, me
voy, pero me quedo” “adiós, amor, adiós hasta la muerte”.
Además
del soneto, se sirve de otras estrofas, como ocurre en el poema inicial “Un
carnívoro cuchillo”, escrito en cuartetas, una estrofa muy del gusto romántico.
El poema 15, “Me llamo barro aunque Miguel me llame”, escrito en silvas, está
situado en la posición central del libro, aunque es uno de los últimos en ser
incluido en el mismo. Su tono está más próximo al Surrealismo y sus imágenes
resultan más negativas que las que aparecen en los sonetos. El barro lo
impregna, lo domina todo e incluso amenaza con la llegada de un amoroso
cataclismo. A última hora incorpora su famosa “Elegía” a Ramón Sijé, tras la
súbita muerte de su amigo, el 24 de diciembre de 1935 en Orihuela. Compuesta en
tercetos encadenados, el poeta se inserta en la tradición literaria de las
elegías fúnebres. Su estilo es muy similar al de los sonetos, como lo demuestra
la presencia de recursos comunes, como la anáfora, el paralelismo, la
similicadencia y la metáfora.
5.4. La poesía revolucionaria (1937-1939)
Con el
estallido de la Guerra Civil, la poesía de Miguel Hernández da un giro radical.
Su producción bélica se puede resumir en dos libros de poesía: Viento del
pueblo (1937) y El hombre acecha (1939).
En Viento
del pueblo, vemos a un escritor profundamente enraizado en el pueblo, que
se hace eco de las inquietudes populares con una marcada tonalidad épico-lírica
con una poesía combativa, revolucionaria y surrealista. Para Miguel, la poesía
es esencia del pueblo y tiene su origen, su raíz, en la tierra misma, y
su destino es el pueblo. Así lo pone de manifiesto en la dedicatoria del libro
hecha a Vicente Aleixandre, cuando habla de que el cimiento de los poetas es la
tierra y el destino es parar en manos del pueblo. Y quienes “se atreven a
deshonrar esa sangre, son los traidores asesinos del pueblo y la poesía”.
Los poetas, dice, “somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a
través de sus poros y conducir sus ojos y sentimientos hacia las cumbres más
hermosas”
Ahora es
cuando la poesía impura de Neruda y Aleixandre adquiere su plena corporeidad y
cuando los poemas se llenan de imágenes surrealistas, cargadas de irrealidad y
de elementos visionarios en los que se aprecia un cierto optimismo, una cierta
esperanza en la victoria. Sólo así se podrá conseguir que triunfen los vientos
del pueblo, los vientos de la libertad representados por los campesinos, los
obreros, los luchadores y, simbólicamente, por los leones, los toros o águilas.
Los únicos que se dejarán imponer el yugo serán los bueyes.
Al mismo
tiempo, lleva a cabo una renovación métrica, dando paso a la silva, la décima,
la cuarteta, el soneto alejandrino, los romances, los serventesios de pie
quebrado.
La
“Elegía primera” es un texto inspirado por el asesinato de García Lorca. En la
“Canción del esposo soldado” trata por todos los medios de sembrar una nueva
vida, en medio de la destrucción, el caos y la muerte.
En
“Sentado sobre los muertos”, el poeta se reafirma en la convicción de que él es
alguien nacido de la pobreza para convertirse en “ruiseñor de las desdichas,
eco de la mala suerte”. Sólo si cumple con su misión podría morirse con la
cabeza muy alta, como también los jornaleros, los aceituneros y los campesinos.
“El niño
yuntero” es un poema en el que describe el destino trágico de ese niño,nacido
para recibir golpes, para moverse entre estiércol de vacas. Un poema marcado
por la tristeza, el dolor y la injusticia, aunque al final se deja abierta la
puerta de la esperanza de que sean los mismos jornaleros los que se rebelen
contra ello.
El
hombre acecha se abre con la “Canción primera”, en la que aparece una
contundente afirmación: “Hoy el amor es muerte,/ y el hombre acecha al
hombre”. Es el resultado de una visión trágica, desalentada de la vida y la
muerte. Muertes sin sentido, violencia, crueldad y odio configuran los 19
poemas de este libro, escrito en versos heptasílabos y octosílabos, aunque con
predominio de endecasílabos y alejandrinos.
El tono
del libro es mucho más pesimista y negativo porque el poeta ha podido comprobar
que “el hombre es un lobo para el hombre”. Las cárceles, que constituyen un
nuevo símbolo, van con sus fauces abiertas en busca de hombres y de pueblos
enteros en los que satisfacer su apetito voraz. Los trenes circulan llenos de
sangre y derramando piernas, brazos y ojos, al tiempo que siembran rastros de
amargura.
El día
29 de septiembre de 1939 es detenido en su pueblo natal y comienza un periplo
carcelario que concluirá con su fallecimiento en Alicante, el 28 de marzo de 1942.
5.5 La cárcel y la muerte (1939-1942)
El que
sería su último libro, Cancionero y romancero de ausencias, fue
entregado por Miguel a su esposa y permanecerá inédito durante varios años.
Está compuesto por 79 poemas en los que recoge, de forma muy intimista,
episodios de su vida, como la muerte de su primer hijo, la alegría por el
nacimiento del segundo, la dura separación de la esposa amada, los momentos
finales de la guerra y las consecuencias de la derrota.
Con este
libro alcanza la expresión de su madurez poética, la metáfora se eleva hacia
sus cotas más altas de perfección y de expresividad, no exenta de cierto sabor
surrealista, y el poeta prescinde de lo que resulte superfluo o no esencial. Se
trata de una poesía que busca la verdad humana y que se muestra casi desnuda de
artificio. Esta poesía se plasma en poemas breves y versos cortos, con metros
más tradicionales, en forma de canciones, romances, romancillos y coplas, en la
que son muy frecuentes los paralelismos, las correlaciones, las
similicadencias, las reduplicaciones y los versos en forma de estribillos con
un claro predominio de la rima asonante en evidente cercanía con esa poesía de
inspiración neopopular que, en ocasiones, recuerda a su admirado García Lorca.
No obstante, incluye en el libro algunos poemas de arte mayor, en su mayor parte compuestos en serventesios
alejandrinos, como en “Vida solar”, “A mi hijo”, “Ascensión de la escoba” y en
el tríptico titulado “Hijo de la luz y de la sombra”. Además, aparece algún
poema escrito en cuartetos alejandrinos ”Sonreír con la alegre tristeza del
olivo” y algún otro verso blanco y con un verso en pie quebrado, como “Orillas
de tu vientre”.
Destacan
los asuntos referidos al ámbito familiar: los besos a la mujer amada; la
ausencia y la distancia, que acrecientan más las tres famosas heridas (del
amor, la muerte y la vida); el vientre de la amada; la muerte de su primer
hijo; el nacimiento del segundo; la guerra; la cárcel; el hambre. Cobran
especial protagonismo las aves, el olivo, la higuera, el mar, la tierra y el
ataúd.
El poeta se aleja de las influencias literarias recibidas
hasta el momento para
adentrarse en la búsqueda de sus raíces personales.
Como
ejemplo, en el poema titulado “A mi hijo”, el padre establece una especie de
emotivo soliloquio ante el cadáver de su hijo, que ha muerto con los ojos
abiertos, mirando cara a cara a la muerte, como mueren los valientes. También
Miguel Hernández murió con los ojos abiertos. El entierro del hijo, la
devolución de su cuerpo a la remota sombra que se lo traga y lo lleva hasta lo
más hondo, se lleva a cabo en un día sin sol. Esto es así porque durante los
diez meses que ha vivido Manuel Ramón, éste ha sido un sol radiante,
esplendoroso. Ahora es un sol muerto, eclipsado.
El poeta
vuelve los ojos hacia la madre arrinconada y le dice que abra los ojos, que la
vida continúa, pues hay otro hijo que aún ve la luz de la alborada. También hay
luz para los ojos de su esposa, aunque su vientre es semejante a una estéril
noche desolada.